La historia de la educación en España cuenta con una importante figura en la persona de Domingo Lázaro (1877-1935), sacerdote marianista, de talante regeneracionista y con una aguda visión de los acontecimientos sociales y políticos del momento. Su trayectoria pedagógica apunta siempre hacia una educación integral de la persona y hacia una visión abierta y armónica de la adquisición de conocimientos.
Desde que empezó a desempeñar tareas de responsabilidad en el ámbito de la educación, lucho por el trabajo conjunto de los educadores de la enseñanza cristiana. Fruto final de ese esfuerzo fue la creación de la Federación de Amigos de la Enseñanza, preludio de la actual FERE. Y todo ello en unos momentos de la historia de España de extraordinarias dificultades para la educación religiosa.
El estilo personal y las enseñanzas de Domingo Lázaro siguen siendo referente para educadores y formadores de nuestro país.

Domingo Lázaro nació en San Adrián de Juarros (Burgos) en 1877, de una familia de labradores. En 1893 ingresó en la Compañía de María y se ordenó sacerdote en Friburgo (Suiza). Después de ser director del colegio Santa María de San Sebastián, fue nombrado Provincial de España en 1916, recién cumplidos los 39 años. Renunció al cargo en 1924 para asumir la dirección del colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. En el arranque de la gran escalera del colegio hará inscribir el lema “La verdad os hará libres”. La preocupación por vivir en la verdad liberadora y ser testigos de ella, llenó la vida del P. Domingo Lázaro. Su reputación de hombre sabio y de educador competente se extendió rápidamente, y esto hacía que sus charlas y conferencias pedagógicas y religiosas en la ciudad fueran seguidas con gran interés. Crea en 1930 la Federación de Amigos de la Enseñanza (FAE) destinada a potenciar iniciativas pedagógicas, estimular una mayor y mejor preparación del profesorado y defender los intereses y derechos de la enseñanza cristiana. De su impulso surge también la revista pedagógica “Atenas” (1930), las “Semanas de la Educación” (1932) y el “Instituto Pedagógico” (1934), que daría lugar después a la Escuela Superior de Educación. Murió en Madrid, en el año 1935.

«Antes de llenar de ideas la cabeza del niño hay que formarla. El maestro debe construir fábricas y no llenar almacenes»

«La clase no es para el maestro un rebaño, ni sus alumnos números anónimos; ve en cada uno una personalidad singular, con sus cualidades y defectos, con sus virtualidades individualidades y su destino providencial propio»

«Yo debo respetar la personalidad del niño; mi mérito consiste en insinuarme discreta y respetuosamente, en facilitarle el trabajo de su propia educación. Debo saber que, en educación, el verdadero educador es, después de Dios, el mismo niño y no yo»

«Tenemos que evitar dos extremos: el de los alocados que se lanzan con una temeridad inconsiderada hacia todo lo que huele a novedad, y la actitud de esos pobres de espíritu, tímidos como liebres, que se acatarran al menor viento de novedad y que, para excusar su pereza de acción, se refugian escandalizados y asustados en lo que ellos llaman tradición»

«Por su sola presencia, quiéralo o no, un maestro forma o deforma a sus alumnos»

— Domingo Lázaro Sm.